domingo, 31 de mayo de 2009

Caballos


Estamos en un taller de reparación de coches. El MECÁNICO con el CLIENTE, frente al motor de su automóvil.

SECUENCIA 1

MECÁNICO
El coche está perfecto, caballero. De motor, de carburación, ... Perfecto. Es un problema de caballos.

CLIENTE
¿Pocos caballos?

MECÁNICO
Poca autoestima.

CLIENTE
¿Qué quiere decir?

MECÁNICO
Los caballos de su coche están deprimidos. Han perdido confianza en sí mismos.
Últimamente pasa mucho. Con tanto anuncio de coches guapos.

CLIENTE
Me toma el pelo.

MECÁNICO
No señor. ¿Aparca usted cerca de algún deportivo italiano, o de uno de esos todo-terreno enormes…?

CLIENTE
Hombre, pues,..en la esquina de mi casa hay un imbécil…

MECÁNICO
(Cortándole) Mire, antes estos coches había que tirarlos. Al desguace, a un barranco, al mar,… Lo que pasa es que ahora… hay una cosa.

CLIENTE
¿Una cosa?

MECÁNICO
Una técnica.
De Alemania. Nueva. Precisa. Rápida. Limpia.

CLIENTE
Mire, el coche este ya tiene una edad y no me quiero gastar más dinero.

MECÁNICO
No hay que tocar ni un tornillo, caballero. Y en un cuarto de hora tiene el coche listo para hacerse el París-Dakar veintisiete veces.

CLIENTE
A por él.

El MECÁNICO se quita el mono y se apoya encima del motor, serio y concentrado. El CLIENTE se queda callado, observando.

MECÁNICO
(Susurrando al interior del motor)
Bien. Lo primero que quiero que entendáis es que no es una cuestión de número, sino de raza, de linaje, de actitud.
Puede que ellos tengan cien, doscientos, o doscientos cincuenta, me da igual. Pero vosotros sois noventa caballos extraordinarios. Noventa caballos libres como el viento, salvajes, poderosos,...

El CLIENTE no puede creerlo.


SECUENCIA 2

El MECÁNICO y el CLIENTE frente al motor. El MECÁNICO, desencajado y sudando, ya ha perdido la paciencia y ha dejado de susurrar para hablarle en voz alta al motor.

MECÁNICO
(Gritando al motor)
No, no y no. No señor. No habéis entendido nada.

CLIENTE
Oiga, cálmese. Sólo son caballos. Está usted poniéndose a su nivel.

El MECÁNICO se seca el sudor e intenta relajarse. Respira hondo y vuelve a dirigirse al motor. Pero está demasiado excitado y no puede evitar volver a gritarle.

MECÁNICO
¡Las ambulancias no son coches! ¡Son ambulancias! Os adelantan porque se saltan los semáforos, los stops, y todo lo que les da la gana. Les importa un huevo la policía, la guardia civil y el ministro del interior. Pero vosotros solo sois simples caballos de mierda, ¿me estáis oyendo?

El MECÁNICO ya ha “perdido los papeles” así es que el CLIENTE se ve obligado a cogerlo y separarlo del motor.

CLIENTE
Oiga, déjelo ya. Me llevo el coche. Dígame que le debo y santas pascuas.

MECÁNICO
(Muy afectado, al CLIENTE)
Han perdido la razón. Esos caballos viven en otro mundo, fuera de la realidad, mire lo que le digo...

CLIENTE
(Interponiéndose entre el motor y el MECÁNICO) Por favor, dígame lo que le debo y déme las llaves de mi coche.

Pero el MECÁNICO está histérico y sigue chillando al motor detrás del CLIENTE.

MECÁNICO
(Gritando)
¡De feria! ¡Sois caballitos de feria!
¡No, caballitos de feria, no! ¡Sois ponys! ¡Ponys bajitos! ¡Ponys cojos!

CLIENTE
(Al motor)
¡No le hagáis caso! ¡Sois caballos! ¡Caballos de carreras! ¡Alazanes!

MECÁNICO
¡Babosas! ¡Sois babosas! Ni siquiera tenéis patas. Ja, ja.

El CLIENTE ya no aguanta tanto improperio e intenta cerrar el capó pero el MECÁNICO se lo impide metiendo la cabeza.

MECÁNICO
No, ni siquiera sois babosas. Sois mejillones. No podéis moveros. Ja, ja, ja, un motor de noventa mejillones.
¡Buuu! ¡Buuuu!

CLIENTE
(Mientras intenta cerrar el capó, con la cabeza del MECÁNICO dentro)
¡Sois caballos!
¡Cuanto brío! ¡Que majestuosos! ¡Que figura! ¡Y esas crines, que parecen de terciopelo…!

MECÁNICO
¡Buuu! ¡Buuuu!